A pesar de las promesas iniciales de una reforma tributaria profunda, el inicio de 2026 ha traído un baño de realidad para el sector privado. El equipo económico, liderado por Luis Caputo, ha comenzado a transmitir un mensaje unívoco a las cámaras empresarias: el margen fiscal es extremadamente estrecho y no habrá reducciones de impuestos significativas durante este ejercicio, priorizando el mantenimiento del superávit fiscal por sobre la competitividad de costos.
El capítulo impositivo de la reforma laboral: ¿Lo único en pie?
La estrategia del Gobierno se ha concentrado en incluir alivios selectivos dentro del proyecto de reforma laboral, entendiendo que no habrá una ley de reforma tributaria independiente este año. Sin embargo, estas medidas quedan sujetas a la discrecionalidad del Ministerio de Economía.
Los puntos clave del proyecto actual son:
·RIMI: Creación de un régimen de incentivos para medianas inversiones productivas.
·Fondo de Asistencia Laboral (FAL): Un sistema de capitalización individual por empresa (3% de contribuciones) para costear futuras indemnizaciones, quitando recursos al sistema previsional.
·Reducciones condicionadas: Bajas en el Impuesto a las Ganancias para sociedades y en impuestos internos, cuya vigencia dependerá exclusivamente de la "caja" que maneje Caputo.
El reclamo de las cámaras: competitividad vs. superávit
La resistencia a bajar impuestos ha generado diversas reacciones en los principales sectores de la economía argentina:
Bajo la gestión de Martín Rappallini, la entidad monitorea con alarma la caída de la actividad de noviembre y el avance de las importaciones. Su propuesta principal para febrero es permitir que las cargas patronales se tomen como pago a cuenta del IVA, buscando aliviar el costo laboral sin desfinanciar al Estado de forma directa.
Nicolás Pino insiste en que la recuperación de la competitividad es imposible sin la eliminación de los derechos de exportación (retenciones), a los que califica como el tributo más distorsivo del sistema.
Mario Grinman advierte sobre el "efecto contrapeso" de las provincias y municipios. Mientras la Nación intenta una reducción progresiva, los gobiernos locales han incrementado tasas y sellos, neutralizando cualquier alivio nacional.
Gustavo Weiss mantiene una postura escéptica. Afirma que una reforma laboral "light" no servirá de nada si no hay crecimiento económico genuino que impulse la contratación de personal.
El análisis de los especialistas: ¿Por qué no hay margen?
Para entender la negativa del Gobierno, los tributaristas y economistas señalan una brecha matemática difícil de cerrar:
Según Andrés Edelstein, solo las retenciones y el impuesto al cheque representan el 2,5% del PBI, una cifra que supera el superávit primario proyectado del 1,5%. Eliminar estos impuestos sin una compensación de gastos dejaría al Gobierno en déficit financiero.
Nadin Argañaraz (Iaraf) advierte que leyes recientes, como el Financiamiento Universitario y la Emergencia a la Discapacidad (que consumen 0,5% del PBI), han reducido a niveles críticos la capacidad de maniobra para bajar impuestos.
El escenario para el empresariado en 2026 será de "resistencia fiscal". El Gobierno apuesta a que el equilibrio macroeconómico eventualmente genere confianza, pero el sector privado advierte que los costos internos podrían asfixiar la reactivación antes de que esta se consolide.
