En un escenario de fragilidad interna y asedio diplomático, el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, elevó drásticamente el tono de su discurso oficial. A través de un mensaje directo, el mandatario estableció un límite infranqueable para la comunidad internacional al declarar que cualquier agresión dirigida hacia el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, será interpretada como una declaración de guerra absoluta contra la nación.
El choque dialéctico con Washington
La advertencia de Pezeshkian surge como una réplica defensiva a las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El líder republicano había manifestado abiertamente en una entrevista con Político que Teherán requiere un "nuevo liderazgo", lo que fue interpretado por la teocracia iraní como una incitación directa al derrocamiento del régimen o, incluso, a una intervención selectiva.
“Un ataque contra el gran líder equivale a una guerra total”, sentenció Pezeshkian, buscando blindar la figura de Jamenei en un momento donde el descontento social ha erosionado la imagen del poder teocrático establecido desde 1979.
El costo humano de la rebelión interna
Mientras el gobierno intenta proyectar fortaleza hacia el exterior, las cifras que emergen de la represión interna son devastadoras. Tras dos semanas de intensas manifestaciones motivadas por el aumento del costo de vida y el reclamo de libertades civiles, organizaciones de derechos humanos como Iran Human Rights (IHR) estiman un saldo de al menos 3.428 fallecidos.
·Alcance de la tragedia: Algunas fuentes independientes sugieren que el número real de víctimas podría escalar hasta las 5.000 o incluso 20.000 personas, aunque el estricto control estatal dificulta la verificación.
·Contexto histórico: Estas protestas son calificadas como el desafío más severo al poder iraní desde la crisis de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini.
El retorno gradual del "apagón digital"
Tras 10 días de un bloqueo absoluto de las comunicaciones impuesto el 8 de enero, la organización de ciberseguridad Netblocks confirmó un restablecimiento parcial del acceso a la red. Según los informes técnicos, se ha habilitado la navegación con un "alto nivel de filtrado", permitiendo el uso restringido de servicios como Google mientras las autoridades mantienen bajo vigilancia el tráfico de datos para evitar nuevas coordinaciones de protesta.
A pesar de la reapertura de escuelas y universidades —cerradas durante la fase más álgida del conflicto—, el clima en las calles sigue siendo de una tensa calma. La restauración de las llamadas internacionales y los mensajes de texto este último fin de semana parece ser un intento del régimen por normalizar la actividad económica, aunque el control sobre el flujo informativo sigue siendo la principal arma del Estado para contener la insurgencia.
