El inicio del ciclo económico 2026 ha marcado un hito en la política de austeridad del Gobierno nacional. Durante el primer mes del año, las transferencias no automáticas hacia las provincias sumaron apenas $39.491 millones, lo que representa un derrumbe real del 65,4% en comparación con enero del año pasado. Esta cifra posiciona al mes pasado como el segundo peor enero en términos de financiamiento federal desde 2005, solo superado por los niveles de 2024.
Un flujo de fondos limitado a la supervivencia
La naturaleza de los envíos cambió drásticamente. Mientras que en gestiones anteriores estos fondos discrecionales servían para apuntalar planes de vivienda, educación o infraestructura, hoy se han reducido a lo estrictamente indispensable.
Casi el 99% del dinero se concentró en dos únicos conceptos. El grueso del presupuesto, unos $32.000 millones, se destinó a sostener las cajas jubilatorias provinciales. El resto fue canalizado a través de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) para atender situaciones de desastre climático, como incendios e inundaciones. En la práctica, programas sociales, sanitarios y educativos quedaron con un financiamiento virtualmente nulo.
Geografía del recorte: un reparto para pocos
La distribución de este escaso capital fue marcadamente desigual, dejando a la gran mayoría de las jurisdicciones sin asistencia técnica o financiera. Solo cinco provincias concentraron la totalidad de los recursos enviados por la Nación: Entre Ríos, Córdoba y La Pampa —que recibieron fondos para cubrir sus déficits previsionales— seguidas por Chubut y Corrientes, que obtuvieron asistencia específica para afrontar emergencias por incendios e inundaciones, respectivamente.
Por el contrario, distritos clave como la Provincia de Buenos Aires y la Capital Federal, junto con otras cinco provincias que no recibieron un solo peso, debieron gestionar sus administraciones exclusivamente con recursos propios. Esta brecha generó que, mientras algunos ciudadanos contaran con respaldo nacional de miles de pesos por cápita, otros recibieran montos de cero pesos.
El rol de los ATN como reserva del Tesoro
A pesar de la existencia de un fondo de Aportes del Tesoro Nacional que supera los $92.000 millones, el Ejecutivo nacional ha mostrado una férrea voluntad de no abrir la billetera.
En enero solo se repartió el 7,6% de ese total acumulado, una proporción inferior a la del año pasado.
Este comportamiento confirma que la relación fiscal entre la Nación y las provincias ha sufrido una transformación definitiva. El Tesoro nacional ya no actúa como un respaldo para las contingencias presupuestarias de los gobernadores, obligando a las provincias a realizar sus propios ajustes o buscar vías de financiamiento alternativas para garantizar sus servicios básicos.
