La cúpula de la Confederación General del Trabajo (CGT) se reunirá este viernes a las 11:00 en la histórica sede de la calle Azopardo. El objetivo del Consejo Directivo es claro: activar un plan de lucha que desemboque en una medida de acción directa, probablemente un paro nacional, para intentar frenar la reforma laboral que el Senado debatirá el próximo miércoles.
La decisión llega tras el agotamiento de la vía diplomática intentada por el sector "dialoguista" de la central, que no logró cosechar los apoyos necesarios para bloquear la iniciativa oficialista en la Cámara Alta.
El mapa de apoyos y los "faltazos" clave
A pesar de los esfuerzos del ala moderada, la cosecha de aliados políticos fue magra. El triunviro Jorge Sola confirmó reuniones únicamente con el núcleo duro del peronismo:
·Axel Kicillof (Buenos Aires)
·Gildo Insfrán (Formosa)
·Sergio Ziliotto (La Pampa)
·Ricardo Quintela (La Rioja)
·Gustavo Melella (Tierra del Fuego)
·Gerardo Zamora (representado por Elías Suárez, de Santiago del Estero)
Sin embargo, el dato político que empuja a la CGT al paro es la frialdad de los gobernadores considerados "estratégicos". Mandatarios como Martín Llaryora (Córdoba) y Maximiliano Pullaro (Santa Fe) reprogramaron o suspendieron sus encuentros con la central, una señal de que no están dispuestos a votar en contra de la modernización laboral que impulsa el gobierno de Javier Milei.
El ala dura gana terreno
Ante la falta de resultados en los despachos, el sector más combativo de la CGT, liderado por Pablo Moyano, ha recuperado protagonismo. Moyano, en alianza con Abel Furlán (UOM) y gremios de las CTA, confía en la capacidad de movilización para "voltear" la ley, trazando un paralelismo con la resistencia sindical durante el gobierno de Mauricio Macri.
"Si pudimos frenarla cuando éramos poquitos gremios, cómo no vamos a poder ahora que la CGT está unida en su totalidad", arengó el dirigente camionero en la previa de la reunión.
Lo que se define hoy
El Consejo Directivo evaluará no solo la fecha del posible paro, sino también la modalidad: si será una jornada de 24 horas con movilización al Congreso el día del tratamiento de la ley, o un esquema de paros escalonados. Lo que parece irreversible es que la estrategia de "esperar y ver" ha terminado, dando paso a una etapa de alta conflictividad en las calles.
