El debate por la reforma laboral impulsada por el Ejecutivo sumó un capítulo de alto voltaje tras las declaraciones del senador chubutense Carlos Linares. En un discurso marcado por la autocrítica y la tensión de intereses, el representante de la Patagonia expuso la dicotomía entre el beneficio económico personal y el impacto social de la normativa.
El "bolsillo" vs. la responsabilidad social
Linares utilizó su propia situación como empleador para ilustrar su rechazo al proyecto oficialista. Según el senador, si su voto estuviera guiado exclusivamente por la rentabilidad de sus empresas, no dudaría en apoyar la iniciativa que reduce costos laborales. Sin embargo, contrapuso esa ventaja financiera con la imposibilidad moral de justificar tales cambios ante sus trabajadores.
"Si yo mirara mi bolsillo la tendría que votar con las dos manos", sentenció el senador, para luego cuestionar: "¿Pero con qué cara miro después a mis empleados?".
Ejes de la crítica a la reforma
El posicionamiento del legislador se fundamenta en una visión crítica sobre la precarización que, según su perspectiva, conlleva la nueva legislación:
Pérdida de derechos: Linares argumenta que la reforma atenta contra la estabilidad laboral y las conquistas históricas del sector trabajador.
Contradicción de clase: El senador subrayó que su rol parlamentario debe priorizar el bienestar general por encima de sus intereses como parte del sector patronal.
Impacto en el consumo: En sus críticas previas, ha sugerido que el debilitamiento del salario y de las condiciones de trabajo termina afectando el mercado interno.
El escenario político
Este descargo se produce en un contexto de fuerte lobby empresarial a favor de los cambios en el régimen de trabajo. Con su postura, Linares busca diferenciarse de otros empresarios-legisladores y marcar una línea ética dentro del bloque opositor, rechazando lo que considera una "ventaja individual" a costa de la protección del empleado.
