
El uso de herramientas tecnológicas en la producción científica generó un fuerte debate en el ámbito económico. Demián Reidel, ex titular de Nucleoeléctrica, rechazó las afirmaciones de un docente de la Universidad de Pensilvania, quien sugirió que el ensayo que el economista redactó en coautoría con el presidente Javier Milei había sido confeccionado mediante inteligencia artificial.
La controversia se desató en torno al documento Minimum Viable Scale: Extinction and Escape under Increasing Returns (Escala Mínima Viable: Extinción y Escape bajo Rendimientos Crecientes). Las dudas sobre la autoría fueron instaladas inicialmente por el especialista Jesús Fernández Villaverde, quien tras analizar el escrito señaló que la estructura formal, el diseño de las ecuaciones y la bibliografía presentaban patrones idénticos a los que producen los algoritmos de redacción automatizada. Para sustentar su hipótesis, el académico corrió el texto por un software de detección denominado Pangram.
La polémica sumó tensión cuando las observaciones de Fernández Villaverde fueron replicadas en el ámbito local por el periodista Sebastián Lacunza, quien calificó la situación como un presunto caso de plagio.
El debate se inscribe en un contexto global donde los reservorios académicos e instituciones universitarias discuten los márgenes regulatorios para el uso de asistencia virtual en la investigación científica, incrementando los controles para asegurar el esfuerzo intelectual de los autores.
El polémico documento, de unas 30 páginas de extensión, postula que las trabas regulatorias y la erosión de los hábitos laborales operan como techos para el desarrollo productivo. Desde los sectores que respaldan la gestión de gobierno salieron a blindar el trabajo; entre ellos, la legisladora Lilia Lemoine argumentó que los cuestionamientos se centran en aspectos de forma y buscan deslegitimar el contenido sin ofrecer contraargumentos técnicos que refuten la lógica matemática de la propuesta.
