
El reconocido economista advirtió que la estrategia de acumulación de reservas del Banco Central atenta contra el crédito interno y podría gatillar una corrida cambiaria en el año electoral. En tanto, desde la entidad financiera internacional señalaron que el riesgo país refleja el escepticismo sobre el cumplimiento de la deuda.
Durante el foro corporativo «De sostener a crecer», organizado por la firma Lantia Capital en Puerto Madero, destacados referentes del ámbito financiero analizaron el rumbo macroeconómico de la Argentina y plantearon serias dudas sobre la sostenibilidad del esquema actual de cara a las elecciones de 2027.
Entre las exposiciones más tajantes figuró la del economista Ricardo Arriazu, quien alertó sobre las consecuencias no deseadas de la política cambiaria y monetaria dispuesta por el Gobierno de Javier Milei. Ante un auditorio integrado por más de 150 ejecutivos de compañías como Toyota, Mercado Libre, Nubank y la propia firma JP Morgan, el analista sostuvo que el mecanismo implementado por el Banco Central para sumar divisas termina sofocando el financiamiento a la actividad productiva.
La tensión entre acumular dólares y sostener la actividad
Arriazu aclaró que no cuestiona el objetivo de recomponer las reservas internacionales, sino el método empleado. A su juicio, la absorción de liquidez en moneda local para comprar divisas y destinarlas al pago de compromisos del Tesoro le resta dinamismo al crédito privado, generando una desaceleración de la economía real.
«Estoy a favor de que compren reservas, pero no a costa de destruir el crédito interno, porque si no se genera recesión, desconfianza y una corrida el año que viene. ¿Para qué acumulo dólares si yo mismo provoco el problema?», enfatizó Arriazu durante su disertación.
El especialista remarcó que los sectores competitivos del país —como la minería, la energía y el agro— cuentan con el potencial de traccionar una expansión anual cercana al 5%, pero la política monetaria restrictiva ubica el crecimiento efectivo en torno a un modesto 2%. En ese contexto, advirtió que la falta de resultados concretos a nivel de consumo y financiamiento podría resentir la credibilidad del oficialismo y derivar en un episodio de inestabilidad financiera en 2027.
Asimismo, repasó indicadores de desconfianza estructural: la deuda pública equivale al 62% del PBI y la privada ronda el 37%, al tiempo que los ahorristas e inversores argentinos mantienen un estimado de 458.000 millones de dólares fuera del sistema financiero local.
La mirada de JP Morgan: riesgo país y el horizonte de 2027
Por su parte, Facundo Gómez Minujín, titular de JP Morgan para el Cono Sur, coincidió en la relevancia del factor 2027 en la lectura que realizan los mercados internacionales. Según el ejecutivo, la persistencia del riesgo país por encima de los 700 puntos básicos no responde a fallas técnicas del frente fiscal, sino al temor de los inversores de que un eventual recambio político desemboque en una reestructuración de la deuda.
Minujín compartió las impresiones recabadas en una reciente gira por fondos de inversión en Londres, donde constató un marcado escepticismo sobre el futuro institucional del país. Señaló que Argentina desaprovechó la ventana de oportunidad para ingresar al crédito internacional cuando el indicador perforó los 400 puntos y contrapuso la situación local con países de la región como Brasil, cuya tasa de riesgo se mantiene cerca de los 200 puntos pese a presentar mayores déficits fiscales.
No obstante, el referente bancario ponderó las perspectivas del sector servicios y la economía del conocimiento, mencionando el crecimiento del centro operativo de JP Morgan en Argentina —que prevé alcanzar los 5.000 empleados— como una muestra de la competitividad del talento local más allá de la coyuntura macroeconómica.
