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Una innovadora investigación internacional ha puesto el foco en la conexión entre la salud digestiva y la oncología masculina. El estudio, difundido por la revista European Urology Oncology, sugiere que la intervención nutricional basada en compuestos vegetales y bacterias beneficiosas puede ralentizar la evolución del cáncer de próstata en pacientes con diagnósticos de baja agresividad.

Claves del estudio: Vigilancia activa y nutrición

El ensayo clínico, liderado por la Universidad de Bedfordshire junto a especialistas de Australia y Estados Unidos, trabajó con 212 hombres bajo el protocolo de "vigilancia activa" (monitoreo médico sin cirugía ni radioterapia inmediata). Durante un cuatrimestre, se evaluó el impacto de dos herramientas específicas:

·Fitoquímicos: Suplementos derivados de extractos vegetales.

·Probióticos: Cepas bacterianas seleccionadas para equilibrar el microbioma.

Resultados: Marcadores en descenso y estabilidad tumoral

Para medir el éxito de la intervención, los científicos analizaron los niveles de PSA (Antígeno Prostático Específico) y utilizaron resonancias magnéticas de alta precisión. Los hallazgos principales fueron:

1.Reducción del PSA: Si bien ambos grupos mostraron mejoras, aquellos que combinaron extractos vegetales con probióticos registraron una caída más pronunciada en la tasa de progresión del marcador.

2.Regresión visible: El 85,5% de los pacientes que consumieron probióticos mantuvo su cuadro clínico estable. Sorprendentemente, un 6,7% mostró señales de regresión tumoral en las imágenes diagnósticas.

3.El poder del microbioma: La investigación refuerza la teoría del "eje intestino-próstata", sugiriendo que una microbiota equilibrada reduce la inflamación sistémica, un factor determinante en el crecimiento de células cancerígenas.

Una herramienta complementaria, no un sustituto

El profesor Robert Thomas, referente de la investigación, señaló que estos cambios en la dieta no buscan reemplazar las terapias convencionales, sino actuar como un soporte estratégico. El objetivo final es mejorar la calidad de vida del paciente y, potencialmente, retrasar o evitar la necesidad de tratamientos invasivos que suelen acarrear efectos secundarios severos.

Aunque los resultados son esperanzadores, la comunidad científica aguarda estudios de mayor duración para confirmar si estos beneficios se sostienen a través de los años. Por el momento, la recomendación es clara: integrar alimentos ricos en fitoquímicos y probióticos siempre bajo la supervisión de un oncólogo o especialista.