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Un viejo y letal conocido ha vuelto a poner en jaque la seguridad sanitaria en el sudeste asiático. Con un índice de mortalidad que alcanza el 75%, el virus Nipah ha resurgido en el estado indio de Bengala Occidental, desatando una reacción en cadena de medidas preventivas que van desde el uso de tecnología térmica en aeropuertos hasta restricciones de viaje en las principales capitales del continente.


Blindaje en las terminales aéreas y vigilancia fronteriza

A pesar de que Nueva Delhi sostiene que el foco detectado en diciembre está bajo control, naciones como Tailandia, Indonesia y China no han tardado en activar sus protocolos de emergencia. En el aeropuerto internacional de Bangkok, el monitoreo visual y los escáneres de temperatura son obligatorios para quienes provengan de zonas de riesgo.
Beijing, por su parte, ha emitido una advertencia directa a sus ciudadanos: evitar viajes no urgentes a las regiones afectadas de la India y extremar la vigilancia ante síntomas que inicialmente imitan una gripe común, pero que evolucionan rápidamente hacia complicaciones neurológicas severas.

La anatomía de una amenaza sin cura

Lo que convierte al Nipah en un patógeno de "prioridad máxima" para la Organización Mundial de la Salud es su perfil clínico devastador. Se trata de una enfermedad zoonótica transmitida principalmente por el murciélago frutero. El contagio se produce al ingerir alimentos contaminados con fluidos de estos animales o por contacto estrecho entre personas.

En cuanto al cuadro clínico, la progresión es alarmante: en menos de 48 horas, una fiebre leve puede transformarse en una encefalitis aguda (inflamación cerebral), provocando mareos, desorientación, convulsiones, coma y, finalmente, la muerte. Actualmente, la medicina no cuenta con tratamientos específicos ni vacunas aprobadas, por lo que los sistemas de salud solo pueden ofrecer cuidados paliativos ante una infección que suele ser irreversible.

Lecciones del pasado y ciencia del futuro

El recuerdo de los brotes de 2001 y 2018 en territorio indio aún genera desconfianza en la región. Ante la vulnerabilidad actual, la comunidad científica ha acelerado las investigaciones utilizando los avances tecnológicos heredados de la crisis del COVID-19. Científicos de la Universidad de Oxford ya realizan ensayos en Fase II en Bangladesh con una vacuna experimental que busca frenar la propagación de este patógeno.

Aunque el Nipah tiene una tasa de contagio inferior a la de los virus respiratorios, su letalidad extrema genera un impacto psicológico y sanitario desproporcionado. Países como Vietnam y Malasia ya han endurecido sus normativas de seguridad alimentaria, prohibiendo el consumo de frutas recolectadas del suelo que podrían portar rastros de animales infectados. La consigna en toda Asia es clara: no basta con contener el foco, sino evitar que la "fiebre del cerebro" se convierta en una nueva crisis internacional.