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En las ciudades de Esquel y Trevelin, la noche ha perdido su color natural. Una luna rojiza y opaca, que inunda las redes sociales como un fenómeno visual extraño, no es producto de un evento astronómico, sino el síntoma de una tragedia: el denso humo de los incendios forestales que ya han devorado 47.000 hectáreas en la provincia.


La física del aire contaminado


El fenómeno, aunque impactante a la vista, tiene una explicación científica alarmante. La elevada densidad de micropartículas y cenizas suspendidas en la atmósfera actúa como un filtro, dispersando la luz y dejando pasar únicamente los tonos rojos y anaranjados. Durante el día, la postal se repite con un sol desdibujado y una visibilidad mínima, acompañada por un persistente olor a quemado que invade cada rincón de los hogares cordilleranos.

Dos frentes que no dan tregua

La situación en Chubut es crítica debido a la magnitud de los focos activos:

·Parque Nacional Los Alerces: El fuego, que se originó en diciembre, ya cruzó los límites del parque y ha arrasado 17.000 hectáreas en territorio provincial.

·Puerto Patriada y Epuyén: Un segundo foco masivo, iniciado el 5 de enero, suma otras 30.000 hectáreas de bosque nativo destruidas.

Las condiciones meteorológicas son el peor enemigo de los brigadistas. Con temperaturas que superan los 33°C, ráfagas de viento de 60 km/h y una sequedad ambiental extrema, el fuego se propaga con una velocidad incontrolable, reactivando brasas incluso en zonas que se consideraban contenidas.

Un riesgo invisible para la salud

Más allá del paisaje alterado, la población enfrenta un riesgo sanitario creciente. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) advierten que el humo de incendios contiene una mezcla de gases y partículas microscópicas que pueden penetrar profundamente en los pulmones.

Síntomas comunes en la población local:

·Irritación severa en ojos y garganta.

·Tos persistente y dificultad para respirar.

·Fatiga y dolores de cabeza.

·Grupos de riesgo: Niños, ancianos, mujeres embarazadas y personas con asma deben extremar cuidados, aunque el aire espeso afecta incluso a personas sanas.

La lucha en el terreno

El combate contra las llamas se realiza palmo a palmo. En zonas como el pinar de Gérez o la laguna Villarino, el terreno es tan escarpado que impide el ingreso de maquinaria pesada, obligando a los brigadistas a trabajar exclusivamente con herramientas manuales. Los aviones hidrantes y helicópteros operan bajo una ventana de tiempo limitada, ya que la densa niebla de humo suele impedir el vuelo seguro de las unidades aéreas.

Mientras la comunidad se organiza en escuelas y centros vecinales para dar soporte logístico a quienes están en la primera línea, la "luna roja" sigue allí cada noche, recordando que el pulmón verde de la Argentina sigue bajo fuego.