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Un capítulo macabro de la historia criminal argentina ha encontrado un destino inesperado en la Patagonia. José Argentino Perruccio, un comerciante de 73 años residente en Comodoro Rivadavia y reconocido por su afición a los objetos inusuales, se convirtió en el propietario de la vajilla más famosa y letal del país: las tazas utilizadas por "La Envenenadora de Monserrat".

Una compra con fin solidario

La adquisición se cerró por una cifra de 4.000 dólares. Sin embargo, más allá del morbo que rodea a las piezas, el trasfondo de la operación tuvo un tinte altruista. Según trascendió, el dinero de la venta fue destinado a colaborar con refugios de animales en la provincia de Chubut, transformando un objeto ligado a la muerte en un recurso para la protección de la vida silvestre y doméstica.

El peso de la historia en el hogar

El juego de té no es una simple antigüedad. Fue el instrumento que Yiya Murano utilizó entre febrero y marzo de 1979 para terminar con la vida de dos amigas y una prima, a quienes suministró cianuro oculto en la merienda para eludir deudas económicas.

A pesar de la importancia histórica del hallazgo para su colección personal, la convivencia con el objeto no ha sido sencilla:

·Bajo llave: Por pedido expreso de su esposa, quien prefiere no tener contacto visual con la vajilla, las piezas permanecen guardadas y fuera de la vista del público y de la familia.

·Perfil del coleccionista: Perruccio es conocido en el sur por su búsqueda constante de artículos con historias potentes, aunque esta última adquisición ha superado cualquier nivel previo de excentricidad.

El legado de un mito criminal

La llegada de estas tazas a Comodoro Rivadavia cierra un ciclo que comenzó hace más de cuatro décadas en un departamento de la calle Rivadavia en Buenos Aires. Hoy, lejos de las bandejas y el cianuro, los recipientes descansan como un mudo recordatorio de uno de los casos policiales más perturbadores de la Argentina.