Hoy, 17 de febrero, se cumplen 104 años de uno de los actos de resistencia civil más potentes de la historia argentina. Mientras el silencio y el terror se extendían por el territorio de Santa Cruz tras el fusilamiento de cientos de peones rurales, cinco mujeres del prostíbulo "La Catalana" protagonizaron la única protesta pública contra la represión del Ejército Argentino.
El contexto: el exterminio de los peones
La represión, comandada por el teniente coronel Héctor Benigno Varela bajo el gobierno de Hipólito Yrigoyen, tuvo su punto más oscuro a finales de 1921.
·La Anita: El 7 de diciembre de 1921 se inició el fusilamiento sistemático de huelguistas rendidos.
·Facón Grande: El 10 de noviembre, el dirigente José Font fue ejecutado en Jaramillo.
·Cifras del horror: Se estima que entre 300 y 1.500 trabajadores fueron asesinados sin juicio previo, sepultados en fosas comunes que aún hoy marcan la geografía santacruceña.
17 de febrero de 1922: la rebelión de "La Catalana"
Tras finalizar las ejecuciones, una columna de soldados del 10° de Caballería arribó a Puerto San Julián. Como era costumbre, se dirigieron al prostíbulo local buscando "recompensa" por sus servicios. Fue allí donde se encontraron con un obstáculo inesperado.
Consuelo García, Ángela Fortunato, Amalia Rodríguez, María Juliache y Maud Foster cerraron las puertas del establecimiento. Armadas con palos y escobas, enfrentaron a los militares al grito de: “¡Con asesinos no nos acostamos!”.
El costo de la dignidad
El acto no fue gratuito. Las cinco mujeres fueron:
1.Detenidas y humilladas: Tras el desplante, la policía y el ejército las detuvieron, sometiéndolas a hostigamientos.
2.Invisibilizadas: Durante décadas, su historia fue tratada como una anécdota menor o directamente borrada de los registros oficiales debido a su oficio.
3.Rescatadas por la historia: Gracias a la investigación de Osvaldo Bayer, sus nombres fueron rescatados del olvido, convirtiéndolas en símbolos del movimiento obrero y el feminismo popular.
Un legado vigente
Aquel 17 de febrero no fue un incidente aislado, sino la prueba de que, incluso en los momentos de mayor oscuridad institucional, la ética civil puede emerger desde los sectores más postergados de la sociedad. En una Patagonia bajo ley marcial, estas cinco mujeres fueron las únicas que se atrevieron a señalar a los responsables del genocidio obrero.
