El archipiélago de Hawái se encuentra bajo una inusual advertencia meteorológica debido a la 43.ª erupción del volcán Kilauea.

El fenómeno, que comenzó durante la madrugada del martes, ha generado columnas de ceniza y material volcánico que alcanzaron alturas superiores a los 7.600 metros, obligando a las autoridades a restringir el acceso a gran parte del Parque Nacional de los Volcanes.

Un espectáculo geológico con riesgos reales

La actividad se concentra en el cráter Halemaʻumaʻu, donde el Servicio Geológico de EE. UU. (USGS) reportó fuentes de lava que superaron los 400 metros de altura. Además de la lava, el volcán está expulsando "tefra" (fragmentos de roca) y los denominados "cabellos de Pelé", finos filamentos de vidrio volcánico que pueden ser altamente irritantes para la piel y los ojos si son transportados por el viento hacia zonas habitadas.

Impacto en las comunidades y servicios

El Servicio Meteorológico Nacional (NWS) mantiene vigente una advertencia por caída de ceniza hasta el domingo, afectando principalmente a localidades como Mountain View y Glenwood. Entre las principales complicaciones se destacan:

·Cierre de rutas: Se ha bloqueado el tránsito en tramos estratégicos de la Carretera 11 y el acceso a la cima del volcán.

·Riesgos a la salud: El material particulado puede causar afecciones respiratorias graves y daños en la infraestructura eléctrica y mecánica.

·Medidas de emergencia: Se ha solicitado a los residentes sellar sus viviendas, proteger los depósitos de agua y evitar el uso de aires acondicionados para impedir el ingreso de ceniza.

Antecedentes y vigilancia constante

El Kilauea es uno de los volcanes más activos del planeta, manteniendo un historial de erupciones casi ininterrumpido desde 1983. Aunque este nuevo episodio es el número 43 en la era moderna, la magnitud de la actual columna de ceniza recuerda a los eventos de 2018 y 2022, que causaron evacuaciones masivas y daños estructurales.

Por el momento, el escenario sigue siendo dinámico. Las autoridades federales y estatales monitorean minuto a minuto la inclinación del terreno y la sismicidad en la zona, advirtiendo que las restricciones se mantendrán mientras persista la lluvia de material volcánico sobre las áreas residenciales.

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