Por: Fany Mansilla
Secret. General ATEN
Hoy, en el Día de la Maestra y del Maestro, quiero poner en valor algo que muchas veces se dice, pero que necesitamos dimensionar profundamente: la enorme importancia de la tarea de enseñar.
Enseñar es construir y ampliar oportunidades en la vida de nuestras niñas, niños y jóvenes. Es acompañar trayectorias escolares pero también, abrir caminos, despertar preguntas y ayudar a imaginar otros mundos posibles.
Poner en valor la tarea docente es también entender la importancia de la escuela pública. Porque la escuela no sólo transmite conocimientos: prepara a las nuevas generaciones para ser protagonistas de su propia vida, para transformar la realidad y para ser constructoras de un destino individual, social y colectivo.
Y cuando hablamos de la importancia de la escuela pública, también tenemos que detenernos especialmente en nuestras escuelas rurales. Porque una escuela rural no es solamente un lugar donde niñas y niños aprenden. Donde hay una escuela, hay una comunidad que puede seguir existiendo. Hay familias que pueden permanecer en su paraje, hay arraigo, identidad, historia y pertenencia. Hay posibilidades de sostener la producción, la cultura y la vida de cada lugar. Por eso, defender la escuela rural es también defender el derecho de las comunidades a permanecer en su territorio, a desarrollarse y a construir futuro sin tener que abandonar el lugar al que pertenecen.
Por supuesto que es fundamental que se construyan escuelas, que se pinten, que se arreglen y que se mantengan. Es indispensable que estén garantizadas las partidas de refrigerio y comedor, los recursos para materiales didácticos y la cantidad necesaria de cargos y horas para que el sistema educativo funcione.
Pero tenemos que saber que con eso no alcanza.
No podemos hablar de una educación de calidad sin hablar de las condiciones en las que enseñamos. Y entre esas condiciones hay una que es fundamental: QUE LAS Y LOS TRABAJADORES DE LA EDUCACIÓN TENGAMOS SALARIOS DIGNOS, acordes a la responsabilidad y a la importancia social de nuestra tarea.
En estos días podemos leer en medios provinciales y nacionales distintos análisis sobre evaluaciones y pruebas estandarizadas que muestran resultados académicos de determinados grupos de estudiantes. Y demasiadas veces, frente a esos resultados, la primera mirada se dirige hacia las y los docentes.
Creo que debemos ser mucho más responsables a la hora de analizar esos datos.
Los resultados educativos no se construyen en un año ni en dos. Son consecuencia de procesos que llevan muchos años y que deben ser analizados en su contexto. En ese período nuestra sociedad, nuestro país y nuestras escuelas atravesaron, además, una pandemia que significó casi dos años de enormes dificultades, aislamiento y pérdida de presencialidad, con consecuencias educativas y sociales que todavía seguimos transitando.
Por eso, si realmente queremos discutir cómo mejorar la educación, tenemos que hacerlo de manera integral, respetar y fortalecer esa enorme red que se ha construido durante tantos años en cada escuela y en cada comunidad educativa. Una red integrada por supervisoras y supervisores, equipos directivos, maestras, maestros, profesoras y profesores que todos los días toman decisiones, acompañan trayectorias, resuelven dificultades y sostienen colectivamente la escuela pública.
En este día quiero abrazar y reconocer a cada compañera y a cada compañero que enseña, que acompaña, que sostiene y que sigue creyendo que la educación puede transformar vidas.
Defender la escuela pública también es defender a quienes todos los días la hacen posible.
Feliz día, compañeras y compañeros.
