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El Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) dispuso la modificación del indicador técnico del macizo andino, elevando la categoría de control de Verde a Alerta Amarilla. La medida responde a una serie de manifestaciones exógenas y dinámicas subterráneas detectadas en las últimas jornadas, las cuales evidencian un cambio en el comportamiento base del sistema.

De acuerdo con los reportes de las estaciones de monitoreo, los sensores comenzaron a registrar una frecuencia ascendente de eventos sísmicos vinculados a la dinámica de fluidos endógenos.

Emisiones de material y alcance de la actividad

La inestabilidad del volcán se hizo visible mediante eventos superficiales específicos que marcaron la pauta para el cambio de estrategia preventiva:

·Pulsos piroclásticos: Se contabilizaron un mínimo de cinco eyecciones de fragmentos de roca y material incandescente desde la abertura principal. La columna de mayor envergadura se elevó hasta los 160 metros de altura, desplazándose por acción del viento hacia el cuadrante sureste.

·Desgasificación continua: Tras los pulsos mayores, el cráter mantuvo una liberación constante de vapores y gases magmáticos de origen volcánico.

·Proyección técnica: Aunque la sismicidad no demostró variaciones bruscas luego de las columnas de ceniza, los vulcanólogos advierten que existe probabilidad de que ocurran nuevas detonaciones de energía similar o superior.

Zona de exclusión recomendada: Ante el escenario actual, los geólogos delimitaron un radio de peligro potencial de 1 kilómetro en torno al cráter Nicanor, donde podrían registrarse caídas de proyectiles balísticos, emanaciones tóxicas y acumulación de ceniza fina.

Las agencias de protección civil y los comités de emergencia regionales mantendrán un canal de comunicación continuo para evaluar el comportamiento del complejo geológico, instando a la población civil y a los operadores turísticos de la cordillera a respetar los perímetros de seguridad y evitar aproximarse a las zonas altas del relieve.