Para este 2026, la estabilidad económica de América Latina no se mide tanto por el volumen total de su deuda, sino por su capacidad de flujo: el poder cumplir con los intereses y vencimientos sin sacrificar la inversión interna ni perder el acceso a los mercados internacionales.
Según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), la región enfrenta una "tormenta perfecta" compuesta por costos financieros elevados, un crecimiento económico que apenas se mantiene y un mercado global que ya no tolera desvíos en las metas fiscales.
El podio de la deuda y sus contextos
La vulnerabilidad de los países frente al Fondo Monetario Internacional (FMI) varía drásticamente según su tamaño y régimen monetario:
·Argentina: Continúa siendo el mayor deudor global del organismo. Su reto en 2026 ha pasado de ser un problema contable a una prueba de fuego para su programa macroeconómico. Con el acceso a mercados voluntarios aún restringido, el país depende de la acumulación de reservas y de una disciplina fiscal estricta para cubrir vencimientos millonarios, como los $808 millones de dólares saldados recientemente mediante Derechos Especiales de Giro (DEG).
·Ecuador: Aunque su deuda absoluta es menor a la de Argentina, su exposición es alta respecto al tamaño de su economía. Al estar dolarizado, carece de herramientas de devaluación para absorber impactos externos, lo que obliga a que todo el ajuste recaiga directamente en el presupuesto estatal y el gasto social.
·Costa Rica: Se posiciona en el grupo de los "ordenados". Su relación actual con el FMI es de carácter precautorio a través de una Línea de Crédito Flexible (LCF) de $1.500 millones de dólares, utilizada como un escudo ante la incertidumbre global más que como una necesidad de financiamiento inmediato.
Los tres frentes de presión fiscal
La analista Emanoelle Santos de XTB Latam identifica tres canales que están asfixiando las cuentas públicas de la región:
1.Costo del dinero: Los intereses de la deuda hoy compiten directamente con el gasto en infraestructura y programas sociales. Refinanciar hoy es estructuralmente más caro que en la década pasada.
2.Estancamiento: El bajo crecimiento limita la recaudación de impuestos, haciendo que la carga de la deuda se sienta mucho más pesada sobre el Producto Interno Bruto (PIB).
3.Volatilidad del Dólar: Cualquier episodio de inestabilidad global encarece automáticamente el servicio de la deuda para países con mercados locales poco profundos o alta dependencia de moneda extranjera.
La nueva métrica de resiliencia
De cara a lo que resta del año, la diferencia entre una economía resiliente y una en crisis será su gestión de flujos. Los analistas coinciden en que el foco se ha desplazado del "stock" (cuánto se debe) al "pago" (cómo se paga). Aquellos países que logren generar superávits primarios y mantengan señales fiscales creíbles lograrán evitar ajustes desordenados, incluso en un entorno de tasas internacionales exigentes.
