
El sector textil argentino atraviesa un escenario crítico caracterizado por el cierre de fábricas, la pérdida de puestos de trabajo y una ola de convocatorias de acreedores.
De acuerdo con datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), durante el primer cuatrimestre del año dejaron de operar 115 establecimientos en todo el país. La baja de la actividad se reflejó de manera contundente en los indicadores oficiales del INDEC, que registraron una contracción del 26,5% en la producción acumulada hasta mayo y un uso de la capacidad instalada que apenas alcanzó el 46,6% en junio, muy por debajo del promedio de la industria general.
El achicamiento del entramado productivo se evidenció tanto en cierres definitivos como en procesos de reestructuración judicial. En el primer grupo destacan los casos de Will Der SA en Buenos Aires (120 despidos), Hilado en La Rioja (60 despidos), Emilio Alal SACIFI (más de 200 afectados) y La Texto Fabril en Córdoba, una fábrica histórica que bajó sus persianas tras casi 80 años de trayectoria.
En paralelo, firmas emblemáticas recurrieron al concurso preventivo para evitar la quiebra frente a abultados pasivos financieros, entre ellas Textil Amesud, Textilana (fabricante de Mauro Sergio), Owoko, Fantome Group, Ted Bodin y A. Mutz y Cía.
La caída acumulada del 4,6% en las ventas minoristas pyme en los primeros siete meses del año, sumada a la pérdida de dinamismo del consumo interno, el costo del financiamiento y el incremento del 65% en el volumen de prendas terminadas importadas, terminó de configurar un esquema desfavorable para el desarrollo fabril. Como respuesta a esta coyuntura, diversas marcas —como la licenciataria de Rever Pass— comenzaron a modificar su modelo operativo reemplazando parte de la confección local por indumentaria traída del exterior.
