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En una jornada que quedará marcada en la historia de la geopolítica contemporánea, Nicolás Maduro enfrentó este lunes su primera audiencia formal en los Estados Unidos. Ante el estrado del juez federal Alvin Hellerstein, en Manhattan, el dirigente venezolano rechazó de plano las acusaciones en su contra y mantuvo una postura de desconocimiento hacia la autoridad del tribunal sobre su investidura.


Una declaración de inocencia bajo custodia

Asistido por un intérprete y rodeado de un despliegue de seguridad sin precedentes en la sede judicial, Maduro fue contundente tras escuchar la lectura de los cargos por narcotráfico y terrorismo.

"Soy inocente, no soy culpable. Soy un hombre decente y sigo siendo el presidente de mi país", sentenció ante el magistrado.
Su esposa, Cilia Flores, también presente en la audiencia y procesada bajo cargos similares, mantuvo la misma línea defensiva, declarándose no culpable ante el tribunal.

El eje de la acusación: Narcoterrorismo y geopolítica

La fiscalía, representada por Pamela Bondi, busca demostrar que la cúpula del poder en Caracas operó como el nodo central de una estructura criminal de alcance global. Los puntos clave de la presentación judicial incluyen:

·Conexiones internacionales: El Ministerio Público asegura tener pruebas que vinculan a Maduro con redes de tráfico de estupefacientes que financian actividades terroristas.

·El factor petróleo: El juicio no solo se centra en delitos comunes, sino que se percibe como el trasfondo legal para el control de los recursos estratégicos de Venezuela.

·Riesgo de fuga: Debido a la magnitud de los cargos y los recursos a su disposición, la fiscalía ha solicitado que la pareja permanezca bajo detención preventiva sin posibilidad de fianza mientras dure el proceso.

Un juicio de final incierto

Esta comparecencia marca el inicio de una batalla legal que podría durar años. Mientras el equipo de la fiscalía se prepara para exponer un arsenal de evidencias recolectadas durante años de investigación encubierta, la defensa de Maduro parece apuntar a una estrategia basada en la inmunidad soberana y la denuncia de un proceso con motivaciones políticas.

Por el momento, el destino de la pareja queda en manos de Hellerstein, quien deberá decidir si los mantiene en prisión hasta el inicio del debate oral.