
La jornada decisiva del balotaje presidencial en Brasil derivó en un imprevisto y giros dramáticos al cierre de las mesas.
Aunque los comicios estaban programados para concluir a las 17:00 (hora local), la máxima autoridad electoral dispuso una prórroga extraordinaria de dos horas en todo el territorio nacional, postergando el horario límite hasta las 19:00 horas ante las severas complicaciones surgidas durante el desarrollo de la votación. La resolución fue dictada por el ministro Cristiano Zanin, integrante del Tribunal Supremo Federal y del Tribunal Superior Electoral (TSE), respondiendo de forma unánime a las denuncias presentadas por los equipos de campaña de ambos competidores.
Los frentes del reclamo: del boicot al transporte a los estragos del clima
El desenlace de las primeras horas de la tarde puso en evidencia una serie de contratiempos logísticos en varios puntos neurálgicos del país:
El pedido de Lula da Silva: El presidente en ejercicio y candidato del Partido de los Trabajadores (PT) denunció la existencia de "obstáculos deliberados" para los electores. Apuntó contra la repentina reducción y paralización de líneas de autobuses urbanos en grandes urbes progresistas como Salvador de Bahía, San Pablo y Feira de Santana. "Nadie puede dejar de votar porque algún empresario o intendente de mala calaña intentó impedir que el pueblo vote", fustigó el mandatario al pedir que se garantice el derecho al sufragio.
La situación llevó incluso a que la Justicia Federal en Pará interviniera de urgencia para obligar al Gobierno a disponer transporte gratuito para comunidades indígenas que reportaron bloqueos para trasladarse.
El reclamo de Flávio Bolsonaro: Casi en simultáneo, el equipo legal del candidato de la ultraderecha exigió al TSE la prórroga de la jornada en distritos clave como el estado de San Pablo, Santa Catarina y Paraná. La región del sur y sudeste se vio azotada por un temporal de fuertes lluvias, inundaciones y anegamientos de carreteras que paralizaron los accesos a los centros de votación. Los apoderados del Partido Liberal (PL) argumentaron que los votantes no podían ser obligados a elegir entre su integridad física frente a las calles anegadas y su deber cívico.
Ante la convergencia de ambos planteos, la Justicia Electoral resolvió congelar temporalmente el inicio del escrutinio general y mantener abiertas las urnas electrónicas hasta las 19:00. Posturas encontradas y una contienda al filo del empate
El balotaje enfrenta a dos visiones antagónicas del país. Luiz Inácio Lula da Silva, quien sufragó por la mañana en San Pablo, calificó a la jornada como un "día sagrado" para la democracia y afirmó que los brasileños eligen entre el respeto a las conquistas sociales o un modelo político alineado a intereses extranjeros.
Por su parte, Flávio Bolsonaro votó en Río de Janeiro y llamó a sus seguidores a concurrir masivamente a las urnas "haga lluvia o haga sol", al sostener que la población vive con temor a la inseguridad y al estancamiento económico y que la única salida es un cambio rotundo.
Un escenario de paridad inéditaCon un padrón superior a los 158,7 millones de electores habilitados —incluyendo a más de 900.000 registrados en el exterior—, la definición de la Presidencia de Brasil llega tras una contienda feroz.
Tras el primer turno del 4 de octubre, en el que el referente del PL sorprendió al cosechar un 47 % frente al 45,16 % obtenido por el PT, los últimos sondeos de las consultoras Datafolha y Quaest volvieron a ratificar un virtual empate técnico dentro de los márgenes de error, dejando la moneda en el aire y la definición en manos de los indecisos y los ausentes.
