En el marco de la situación epidemiológica actual, los especialistas advierten sobre la importancia de no confundir dos de las enfermedades más comunes transmitidas por roedores: la leptospirosis y el hantavirus. Aunque ambas patologías suelen aparecer en contextos ambientales similares, como zonas inundadas o espacios rurales, su peligrosidad y la forma en que se combaten son profundamente distintas.
El factor de riesgo: la convivencia con roedores
El contagio de estas enfermedades ocurre principalmente cuando el ser humano y los animales buscan refugio en los mismos lugares. El contacto con la orina o los excrementos de roedores infectados es el puente que traslada la bacteria o el virus a las personas, un riesgo que se incrementa en galpones cerrados, depósitos o viviendas que han sufrido anegamientos.
Leptospirosis: la importancia del diagnóstico precoz
La leptospirosis es una patología de origen bacteriano. Esta es una diferencia fundamental, ya que, al ser causada por una bacteria, existe un tratamiento médico efectivo. Si el paciente acude al centro de salud ante los primeros síntomas, el pronóstico suele ser muy favorable.
Sin embargo, si la enfermedad progresa sin intervención, los daños orgánicos pueden ser severos. El sistema renal es el primero en verse comprometido, pudiendo escalar hacia fallas en las funciones hepáticas y otras complicaciones vitales de gravedad.
Hantavirus: una amenaza de rápida evolución
A diferencia de la anterior, el hantavirus tiene un origen viral. Actualmente, la ciencia médica no cuenta con una vacuna preventiva ni con un fármaco específico que elimine el virus una vez contraído. Por este motivo, se la considera una enfermedad mucho más letal.
El cuadro suele iniciarse con una sintomatología similar a una gripe fuerte, pero su avance es extremadamente veloz. La mayor preocupación de los médicos es el riesgo de un colapso cardíaco y pulmonar, lo que exige una atención de soporte vital inmediata para intentar estabilizar al paciente.
Medidas preventivas: la higiene como escudo
La barrera más eficaz contra estas zoonosis no es un medicamento, sino la prevención ambiental. Los especialistas coinciden en que una higiene estricta en el hogar y en lugares de trabajo puede salvar vidas.
·Evitar el barrido en seco: Nunca se debe pasar la escoba en lugares donde pueda haber rastro de roedores sin antes humedecer el suelo. El barrido en seco dispersa partículas en el aire que pueden ser inhaladas.
·Desinfección profunda: La limpieza debe realizarse siempre con una mezcla de agua y lavandina.
·Ventilación de espacios: Antes de entrar a un lugar que ha permanecido cerrado por mucho tiempo, es indispensable abrir puertas y ventanas para permitir que el aire circule durante al menos media hora.
